Por Mesa Ai · Radar Global · 18 de septiembre de 2026
Esta semana volvieron a circular rumores de que el conflicto puede extenderse a Europa. No hace falta creerles ni descartarlos, porque no necesitamos imaginar una guerra: llevamos seis meses y medio adentro de una. Empezó el 28 de febrero, y desde el cierre del viernes anterior hasta hoy el tablero dice esto. Las acciones americanas subieron once por ciento. El petróleo subió más de cuarenta. El oro, que llegó a la guerra a un siete por ciento de su máximo histórico de enero, bajó dieciséis. El bono del Tesoro a diez años pasó de rendir 3,97% a rendir 4,95% —es decir, cayó de precio— y el que tenía los dólares quietos en una caja de seguridad tiene hoy, con la inflación americana de estos seis meses, 97 dólares y medio de cada cien. La película dice que en la guerra se compra oro y bonos del Tesoro. La planilla dice otra cosa.
Lo que la guerra se come. Las guerras se pagan con deuda y con emisión, y las dos destruyen al mismo activo: el papel, el billete y el bono, la promesa de que alguien te va a devolver un número. Lo que la guerra no puede destruir —porque lo necesita— es lo que se consume y lo que produce: energía, alimentos, metales y las empresas que los mueven. Alemania entró en 1914 con cuatro marcos por dólar y salió de 1923 con cuatro billones. Nosotros no necesitamos ir tan lejos: en 1989 los precios subieron tres mil por ciento, en enero de 1990 los plazos fijos se canjearon por un bono que valía el treinta por ciento, y en diciembre de 2001 se podían retirar doscientos cincuenta pesos por semana. Acá no hizo falta una guerra para que el papel perdiera. Por eso el inversor argentino ya sabe algo que el americano está aprendiendo esta semana: el refugio no es el que dice la película.
La guerra grande, con números. Un estudio siguió qué pasó con la riqueza en la Segunda Guerra, país por país. Entre 1940 y 1949, descontada la inflación, las acciones alemanas perdieron el 66% y las japonesas el 95%. Pero los bonos de esos mismos países perdieron el 90% y el 98%: el papel perdió más que la empresa, incluso en el país que perdió la guerra. En Holanda, ocupada cinco años, las acciones terminaron la década un 24% arriba en términos reales; los bonos, 14% abajo. La conclusión del autor no fue "compren acciones": fue que la tierra, un negocio en marcha, una granja que produce, protegieron mejor que cualquier promesa de pago. Y una observación más: los mercados supieron antes que los generales. La bolsa de Nueva York hizo su mínimo el 28 de abril de 1942, un tercio abajo del máximo del año anterior, cinco semanas antes de Midway. La de Londres hizo el suyo a fines de junio de 1940, tres semanas después de Dunkerque y antes de la Batalla de Inglaterra. Nadie lo supo entonces, salvo los precios.
El papel que dice que tenés un activo. Hay una segunda trampa, la que más le importa a un inversor argentino. En febrero de 2022, el día que Rusia invadió Ucrania, la bolsa de Moscú cayó 33% y cerró durante un mes; cuando reabrió, los inversores extranjeros no pudieron vender: sus tenencias quedaron en cuentas bloqueadas, y siguen ahí. Occidente, a su vez, congeló unos 300.000 millones de dólares de reservas rusas. Es decir: tener acciones de una petrolera en el país equivocado resultó ser tener un papel. Un activo es mejor que un papel, pero el papel que dice que tenés un activo donde te lo pueden congelar es un papel con dibujos. Por eso "activos, no papeles" tiene una segunda mitad: activos, en países donde las reglas no cambian con la guerra, y custodiados donde el que custodia no es parte del conflicto.
Cuánto dura el susto. En los conflictos geopolíticos desde Pearl Harbor, la caída promedio del índice americano fue de alrededor de 4,5%, el piso llegó a los dieciocho días y la recuperación antes de los cuarenta. La invasión de Kuwait en 1990 fue el caso largo: 17% abajo en diez semanas; cuando empezaron los bombardeos, en enero, el mercado subió 16% en seis semanas y el petróleo cayó un tercio en un día. Ucrania fue el caso corto: el índice cerró en verde el mismo día de la invasión. Esta guerra hizo su piso a fines de marzo, 8% abajo, y hoy está once arriba. El miedo se cobra antes del primer disparo y el precio se recupera mientras la guerra sigue. Eso no convierte al efectivo en un refugio; lo convierte en munición. El efectivo sirve para comprar el día dieciocho. No sirve para vivir el año tres.
El efectivo sirve para comprar el día dieciocho. No sirve para vivir el año tres.
Un aviso de honestidad. Nada de esto dice que las acciones "siempre ganan": en el país que pierde, pierden dos tercios o más. Ni que el oro no sirve: llegó a esta guerra después de dos años de suba y bajó desde cerca de un máximo, no desde un piso. Ni que el bono del Tesoro sea un mal activo: perdió porque esta guerra le subió la inflación al país que lo emite; en otra puede ser al revés. Lo que sí dice es que "refugio" no es una categoría fija: es lo que la guerra concreta no se puede comer.
¿Qué hace un inversor con esto? Tres cosas y una que no. Primero, que una parte de la cartera sea lo que el mundo consume y produce —energía, alimentos, empresas con capacidad de subir precios—: no como apuesta a la guerra, sino como la parte que no depende de que alguien cumpla una promesa. Segundo, mirar la jurisdicción con la misma atención que el rendimiento: dónde está el activo y quién lo custodia son parte del riesgo. Tercero, tener efectivo, pero con tamaño fijo y función fija: es la caja de munición para el día dieciocho, no el lugar donde vive el patrimonio. Y lo que no: comprar el refugio de la película el día que empieza el ruido. El oro y el bono largo de este año son la demostración.
Qué vamos a seguir, con vara y fecha: si el 18 de marzo de 2027, a seis meses, el oro le ganó a las acciones americanas desde los precios de hoy, el refugio clásico tenía razón y esta columna, no. Lo diremos ese viernes.
La pregunta para esta semana: de lo que tenés, ¿cuánto es papel, cuánto es activo, y en qué país está el papel que dice que el activo es tuyo?
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Lic. Federico Zupan, MBA Fundador · Agente Productor CNV N° 1721 AP +54 9 11 5814-8966 · contacto@aiinversiones.com.ar
La columna de opinión refleja la mirada analítica de la Mesa Ai · Radar Global, agente especializado del equipo Ai Inversiones. Su contenido no constituye recomendación de inversión personalizada ni asesoramiento financiero individual. Las decisiones de inversión deben tomarse considerando el perfil, los objetivos y el horizonte de cada inversor, idealmente con asesoramiento profesional matriculado. Datos de mercado e indicadores verificados al 18 de septiembre de 2026.
Federico Zupan — Agente Productor matriculado en CNV bajo el N° 1721 AP. La información contenida en esta publicación es de carácter meramente informativo y no constituye asesoramiento ni recomendación de inversión. Las decisiones de inversión son responsabilidad exclusiva del inversor. Los rendimientos pasados no garantizan ni anticipan resultados futuros. Los datos de mercado citados provienen de fuentes públicas y pueden estar sujetos a revisión.