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Hola.
La semana empezó con la noticia que faltaba: Estados Unidos e Irán pausaron las hostilidades —una pausa, todavía no una paz—, el petróleo devolvió en dos ruedas buena parte de lo que había subido en un mes, y el mercado —el mismo que hace dos semanas pagaba pánico— salió a pagar alivio. Mañana decide la Reserva Federal y el jueves reportan las grandes tecnológicas. En el medio, esta edición trae un estreno: la primera columna firmada por Franco Celesia, co-fundador de Ai Inversiones, sobre por qué el mercado se mueve como la gente y no como una ecuación. La semana que acaba de pasar es la mejor ilustración posible.
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~7.430
S&P 500
martes en curso, leve rebote; los chips siguen bajo presión
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17,9
VIX
el miedo afloja con la pausa
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67,5
Péndulo Ai
Optimismo cauteloso
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~$1.532
Dólar MEP
estable; brecha ~4%
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Lo que pasó desde el viernes
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440 pb
Riesgo país (lunes)
soberanos mixtos en la previa de la licitación de mañana
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67%
Deuda emergente investment grade
era 4% hace tres décadas: la clase de activo maduró — y el dinero global está volviendo
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58,4%
Capacidad instalada industrial (mayo)
la refinación de petróleo al 88,7% empuja; metalmecánica al 38,7% pesa
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Riesgo país al cierre del lunes; S&P 500 y Brent con la rueda del martes en curso. Fuentes de mercado y datos oficiales.
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La tregua que el mercado salió a comprar: el petróleo devolvió un mes de suba en dos ruedas
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Estados Unidos e Irán pausaron las hostilidades para darle "espacio" a la diplomacia, y Teherán se sentó a conversar el futuro del estrecho de Ormuz con Arabia Saudita y Omán. Es una pausa, no una paz: no hay acuerdo firmado y ambas partes se reservan el derecho a retomar. Pero el petróleo reaccionó como reaccionan los mercados cuando una prima de miedo pierde sustento: el Brent cayó 8,7% el lunes —una de sus peores ruedas del año— y este martes opera en la zona de US$ 84-87 según el contrato, lejos del pico de 100 de la semana pasada y a la vista del umbral que veníamos siguiendo.
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Si la pausa se sostiene, para la economía global es una doble buena noticia: menos presión inflacionaria justo cuando la Reserva Federal decide mañana, y menos costo de flete para el comercio. Para la Argentina el efecto es mixto: alivia al mundo que nos compra, pero recorta el viento de cola del sector que más divisas nuevas aporta. Aun después del retroceso, la energía sigue siendo el mejor sector del S&P 500 en el año, con una suba superior al 30% — y las comunicaciones, en el otro extremo, pierden más de 8%. El mapa sectorial de 2026 sigue contando una historia que los índices esconden.
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Ganancias récord, acción a la baja: la semana en que los balances dejaron de alcanzar
El mayor fabricante de chips del mundo reportó ganancias 77% arriba del año pasado, con márgenes de manual y una suba de su plan de inversión — y la acción cayó más de 4%, arrastrando a todo el sector. Intel mostró su crecimiento de ingresos más rápido desde 2011 y superó todas las estimaciones — y también cayó, castigada por un plan de inversión que se infla por encima de los US$ 20.000 millones. El patrón se repite demasiado para ser casualidad: el mercado dejó de premiar los resultados de hoy y empezó a cobrar por adelantado las dudas de mañana — cuánto más van a gastar los gigantes en infraestructura de inteligencia artificial, y quién la va a pagar. Cuando un balance excepcional no alcanza para sostener un precio, lo que se está reacomodando no es la empresa: son las expectativas. La columna de hoy, casualmente, trata exactamente de eso.
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Seguimiento de lo que dijimos: la tregua le bajó el pulgar a nuestro umbral del petróleo
El 14 de julio dejamos anotado un doble umbral para el Brent: por debajo de US$ 76, el envión energético quedaba refutado; un mes sostenido arriba de 85, régimen nuevo confirmado. El barril llegó a 100 y la ventana de confirmación corría hasta mediados de agosto. La pausa de hostilidades le quitó el sustento antes de tiempo: el barril devolvió de golpe la mitad de la suba y quedó a la vista del umbral, con la confirmación del régimen en suspenso. Si en los próximos días perfora los 85 y se sostiene abajo, la pata queda refutada — no fue régimen, fue una prima de guerra que empezó a desarmarse con la primera pausa creíble. Lo anotamos sin vueltas porque este es el método: umbrales publicados antes, rendición de cuentas después, gane o pierda la hipótesis. El umbral de los 76 sigue vivo.
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El pulso de las carteras
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Lo que más se movió esta semana entre las posiciones que gestionamos — el movimiento primero, la explicación al lado.
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ACN
· Accenture
La miramos de cerca en las ediciones del 26 de junio y el 8 de julio, cuando el mercado la castigaba y destacamos su generación de caja. Desde entonces acumula una recuperación superior al 25%, con el salto más fuerte en los últimos días. El contexto honesto: todavía cotiza lejos de su máximo de enero. Pero la tesis de aquellas semanas —calidad castigada de más— viene cumpliendo.
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+18,2%7 días |
último mes |
JNJ
· Johnson & Johnson
La semana en que la tecnología dudó, la salud sostuvo: +9,4% en siete días, con el dinero rotando hacia negocios de caja previsible. Es el rol exacto que las defensivas tienen en las carteras — no ganar las semanas eufóricas, sino sumar en las nerviosas.
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+9,4%7 días |
último mes |
INTC
· Intel
El caso de estudio de la semana: presentó su mejor trimestre en quince años —ingresos y ganancias por encima de todas las estimaciones— y la acción cayó igual, castigada por un plan de inversión que crece más rápido que la caja y por la corrección de todo el sector. El contexto que ordena: venía de subir cerca de 270% en el primer semestre; aun con la corrección de julio, sigue entre las mayores subas del año. Una corrección de expectativas tras semejante recorrido no cambia la tesis industrial de fondo — y el balance la acaba de reforzar. La seguimos de cerca, con el tamaño de la posición bajo control.
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-18,6%7 días |
último mes |
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Dos noticias locales que pasaron abajo del radar del dólar
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La primera: Vista Energy rescató antes de tiempo la totalidad de dos de sus obligaciones negociables por US$ 165,5 millones, pagando el 100% del capital más intereses — vencimientos que originalmente caían en 2027. Una empresa que adelanta el pago de su deuda está diciendo dos cosas: que le sobra caja y que refinanciarse hoy le sale más barato que ayer. Para el crédito corporativo argentino, es exactamente la señal opuesta a la de los años de estrés. La segunda: el Tesoro licita mañana un instrumento nuevo —un bono dual que combina tasa local y ajuste por dólar oficial— en una semana en que los soberanos operaron mixtos y el riesgo país se sostuvo en torno a los 440 puntos. El menú de instrumentos en pesos se sigue sofisticando; la demanda de mañana va a decir cuánta confianza hay detrás de esa sofisticación.
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El radar fino: cinco señales que todavía no son titulares
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1 · La dispersión que no se ve en el índice. La mesa cuantitativa de un banco global advirtió esta semana que la volatilidad de las acciones individuales está en el percentil 92 desde 1990 —niveles de fines de los noventa— mientras los índices siguen quietos. Traducción: debajo de una superficie calma, los papeles se mueven violentamente uno por uno. Canal directo: carteras concentradas en CEDEARs de tecnología sienten esa turbulencia mucho más que el S&P.
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2 · Corea les cortó la nafta a los especuladores de chips. El regulador surcoreano prohibió los fondos apalancados sobre semiconductores, secando una de las fuentes de demanda especulativa que empujó al sector en el primer semestre. Cuando un regulador de Asia mueve una pieza, los CEDEARs de chips que se operan en pesos desde Buenos Aires lo sienten en el precio.
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3 · La secuela del caso que cuenta la columna. Un laboratorio chino liberó el lunes un modelo de inteligencia artificial de "pesos abiertos" que, según los primeros tests, iguala a los sistemas americanos más avanzados a una fracción del costo — el mismo guion que en enero de 2025 borró US$ 600.000 millones de la empresa más valiosa del mundo en un día. Washington ya evalúa restringirlo y más de veinte tecnológicas, incluidas Microsoft y Nvidia, firmaron una carta en contra de la restricción. Canal directo: los CEDEARs de chips e infraestructura de IA — los más operados de la plaza local — cotizan exactamente esa pelea.
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4 · El dinero grande vuelve a los emergentes — y todavía no llegó acá. Los flujos hacia deuda emergente volvieron a terreno positivo por unos US$ 30.000 millones anuales tras el éxodo de 2022, y la tenencia extranjera de bonos en moneda local sigue en mínimos históricos. Si esa ola sigue, la deuda argentina en pesos es de las pocas donde los extranjeros técnicamente no tienen nada que vender — solo espacio para comprar.
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5 · El financiamiento pyme rompió un récord sin que nadie lo festeje. El mercado de cheques y pagarés avalados marcó en junio su máximo histórico de financiamiento. Es la parte menos glamorosa del mercado de capitales — y la que mide si el crédito le está llegando a la economía real.
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Ninguna de estas señales fue tapa de un diario esta semana — por eso están acá.
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Péndulo Ai
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El péndulo marca 67,5 — desde el 61,6 del viernes, el empujón vino del lado del alivio: la volatilidad comprimiéndose con la tregua y la amplitud del mercado mejorando, con más papeles subiendo que bajando. El crédito global sigue siendo el único eje en rojo — el mismo desde hace un mes. Un mercado que en diez días pasó de pagar prima de guerra a pagar prima de paz sin escalas: la columna de hoy explica por qué eso no es un defecto del sistema, es el sistema.
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Agenda de la semana
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Columna de opinión
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Mercados no newtonianos
Por Franco Celesia · Co-fundador de Ai Inversiones · 28 de julio de 2026
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Franco Celesia es co-fundador de Ai Inversiones. Escribe sobre el comportamiento de los mercados.
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Isaac Newton nos enseñó a imaginar un universo que se porta bien: cuerpos que se desplazan según leyes exactas, fuerzas que producen reacciones previsibles, un mecanismo de relojería donde, si conocés las condiciones iniciales, podés anticipar el resto. Buena parte de las finanzas modernas se construyó con esa misma fe: curvas suaves, ecuaciones prolijas, un precio "justo" que emerge del cálculo. El problema es que el mercado no es newtoniano.
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Existe en la física un tipo de sustancia curiosa: los fluidos no newtonianos. La mezcla de maicena y agua es el ejemplo clásico. Si la revolvés despacio, fluye como cualquier líquido; si la golpeás con fuerza, se endurece de golpe como una piedra. No obedece a una regla fija: responde según cómo la tratás. El mercado se comporta igual. Cuando nadie lo mira demasiado, fluye tranquilo y hasta parece predecible. Pero cuando todos empujan a la vez, presos del mismo miedo o de la misma euforia, se vuelve brusco, sólido, infranqueable. Y es justo ahí, en los momentos que más importan, donde ninguna ecuación lo sostiene.
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Porque detrás de cada cotización no hay un algoritmo frío, sino millones de personas tomando decisiones al mismo tiempo. Y las personas —conviene recordarlo— no son máquinas.
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El mercado es, en el fondo, el consenso diario de una enorme cantidad de gente: una votación permanente en la que participan desde fondos gigantes hasta jóvenes que compran su primera acción desde el celular. Ese consenso se forma como cualquier consenso humano: con información incompleta, con prejuicios, con memoria selectiva, con contagio. Y por eso el mercado hereda, casi punto por punto, el carácter de la sociedad que lo compone.
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Pensémoslo un momento. En cualquier multitud hay gente rápida y gente lenta, optimistas incurables y pesimistas de oficio; quienes actúan por codicia y quienes actúan por miedo — muchas veces la misma persona con pocas horas de diferencia. Hay modas, rumores, entusiasmos colectivos que no resisten el análisis y pánicos que se propagan más rápido que los hechos que los justifican. Todo eso somos nosotros. Y todo eso, exactamente, es lo que el mercado refleja cuando se mueve.
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El mercado no se comporta de manera irracional. Se comporta de manera humana.
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Cuando entendemos esto, los movimientos "irracionales" del mercado dejan de ser un misterio. No son fallas del sistema. Son la naturaleza humana funcionando a plena luz. Basta mirar tres momentos recientes.
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En marzo de 2023, un banco entero desapareció en cuarenta y ocho horas. Silicon Valley Bank era la entidad número dieciséis de Estados Unidos, con cuatro décadas de historia. Sus acciones cayeron 60% en un día y sus clientes intentaron retirar 42.000 millones de dólares en una jornada.
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Lo notable no es la velocidad. Es el mecanismo. El banco tenía problemas, sí, pero fue el miedo colectivo a que quebrara lo que terminó de quebrarlo. Alguien susurró que había riesgo. El susurro se convirtió en mensaje de chat, el mensaje en corrida, la corrida en colapso. Cada persona que retiró su dinero por temor a que otros lo retiraran contribuyó a que el temor se hiciera verdad.
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Eso no aparece en ningún modelo, porque es pura sociología. Es el comportamiento de una multitud en un teatro cuando alguien grita "fuego": la gente no muere por el fuego, muere por la estampida. Lo que la gente cree que va a pasar cambia lo que efectivamente pasa. El mercado no es un espejo neutral que refleja una realidad externa; es una conversación que se altera a sí misma mientras sucede. Igual que nosotros.
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Ahora el lado opuesto. Durante 2020, las acciones de una automotriz subieron alrededor de 700% en un año. En su punto más alto, Tesla valía más que los nueve mayores fabricantes de autos del mundo juntos, empresas que fabricaban ciento veintiuna veces más vehículos. Con cualquier fórmula tradicional de valuación, el número era imposible de justificar.
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Pero el mercado no estaba haciendo una cuenta. Estaba soñando en voz alta. Estaba comprando una historia —la del futuro eléctrico, la del genio que iba a reinventarlo todo— y ese relato compartido se volvió más poderoso que cualquier hoja de cálculo. Es la misma emoción que hace crecer una fila simplemente porque ya hay gente en la fila. Codicia, ilusión, miedo a quedarse afuera: el combustible más humano que existe. Los precios subían, según tituló un medio sin demasiada ironía, "sin ninguna razón". Claro que había una razón. Solo que no era matemática. Era psicológica.
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El tercer caso es el más cotidiano, y quizás el más revelador. En enero de 2025, la empresa más valiosa del planeta perdió cerca de 600.000 millones de dólares en una jornada: el mayor desplome de un día de cualquier compañía hasta entonces. ¿La causa? La noticia de que una startup china había logrado un modelo de inteligencia artificial competitivo a menor costo.
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Era una noticia importante. ¿Justificaba borrar en horas el valor de una economía nacional entera? Difícilmente. El mercado, esa mañana, se levantó de malhumor y catastrofizó. Tomó un dato incómodo y lo convirtió en el fin del mundo, como cuando un contratiempo nos arruina el día y de golpe todo el futuro parece negro. Días después, cuando la sangre se enfrió, buena parte de esa caída se revirtió. Como en cualquier discusión acalorada, la multitud dijo cosas que no pensaba del todo y después, un poco avergonzada, se desdijo.
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La tentación, frente a estos episodios, es tratarlos como excepciones molestas: ruido que ensucia un modelo por lo demás correcto. Pero si el ruido aparece una y otra vez —el pánico que se autocumple, la euforia que se desboca, la sobrerreacción del mal día— quizás no sea ruido. Quizás sea la señal. Quizás el mercado no falle al comportarse así, sino que esté haciendo justamente aquello para lo que sirve: reflejarnos.
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Nada de esto significa que los números sobren. Sirven, y mucho, para medir, comparar, ordenar. El error no está en usarlos, sino en creer que agotan la historia. Detrás de cada punto de una cotización hay una persona con un estado de ánimo. Detrás de cada tendencia hay una emoción compartida por miles. El mercado es, probablemente, el instrumento más honesto que tenemos para tomarle la temperatura a una sociedad en tiempo real: mide, sin filtros ni diplomacia, cuánta confianza y cuánto miedo hay circulando en un momento dado.
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Por eso, cuando alguien se sorprende de que el mercado "se comporte de manera irracional", conviene dar vuelta la pregunta. El mercado no se comporta de manera irracional. Se comporta de manera humana. Y esa, para bien y para mal, es la única manera en que sabemos comportarnos.
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Qué hacemos con esto en las carteras — la mirada de la Mesa
La columna de Franco no es una curiosidad teórica: es el manual de instrucciones de semanas como esta. Si el mercado se mueve como una multitud, la regla operativa es no correr con ella — ni en la estampida (la semana pasada) ni en la euforia del alivio (esta). En la práctica eso significa tres cosas que ya hacemos: posiciones con tamaño controlado para que ningún día de mal humor obligue a vender, diversificación entre sectores que reaccionan distinto al mismo susto, y umbrales escritos antes de que las emociones opinen. El precio se mueve como la gente; la cartera está construida para no hacerlo.
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Esta semana el mismo mercado que pagaba miedo salió a pagar alivio — y la diferencia entre padecer ese vaivén y atravesarlo con calma es una cartera construida para ambos humores. Si tenés ahorros esperando una definición y querés que los miremos juntos, respondé este mail y coordinamos una charla corta.
O respondé este email directamente a contacto@aiinversiones.com.ar
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La columna de opinión refleja la mirada de su autor, Franco Celesia, co-fundador de Ai Inversiones, y tiene carácter educativo. Su contenido no constituye recomendación de inversión personalizada ni asesoramiento financiero individual. Las decisiones de inversión deben tomarse considerando el perfil, los objetivos y el horizonte de cada inversor, idealmente con asesoramiento profesional matriculado.
Agente Productor matriculado en CNV bajo el N° 1721 AP, actuando a través de INVIU S.A.U., Agente de Liquidación y Compensación y Agente de Negociación Integral registrado bajo el N° 205 de CNV. La información contenida en esta publicación es de carácter meramente informativo y no constituye asesoramiento ni recomendación de inversión. Las decisiones de inversión son responsabilidad exclusiva del inversor. Los datos de mercado citados provienen de fuentes públicas y pueden estar sujetos a revisión.
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