Si hay una acción que aparece en casi todas las carteras argentinas, es esta. Y esta semana YPF hizo dos cosas que conviene leer juntas: mostró a inversores su plan hasta 2030 y salió a pedir prestado. El miércoles colocó una obligación negociable por 1.200 millones de dólares a 2035 al 7,85% anual. Le ofrecieron 2.170 millones, casi el doble: la mayor colocación internacional de una empresa argentina en once años.
Para entender qué compró el que le prestó — y qué tiene el que tiene la acción — hay que mirar tres números del petróleo que no son la misma cosa.
El primero es 70. Es el barril con el que la compañía armó su plan a cinco años. Con ese número, el plan que mostró a inversores — y que la propia empresa aclara que no es un pronóstico — dice que YPF gasta más de lo que genera hasta 2027 y recién en 2028 empieza a sobrar dinero. No es un defecto: es la etapa de construir. Lo que construye tiene cuatro pilares. Uno: el petróleo de Vaca Muerta, que ya es cuatro de cada cinco barriles que produce, con un costo de extracción que bajó de más de 15 dólares por barril en 2023 a menos de 9. Dos: vender lo que no es eso — en un año se desprendió de la mitad de Profertil (635 millones), del 70% de Metrogas (780 millones) y de campos convencionales viejos; su producción convencional de crudo cayó 64% desde 2023, a propósito. Tres: refinerías al 104% de su capacidad nominal. Cuatro: gas natural licuado para exportar, con dos proyectos de 18 millones de toneladas al año y una inversión presentada al RIGI por 51.000 millones de dólares.
El segundo es 104. Es el Brent con el que cerró hoy, después de una semana en que el estrecho de Ormuz vio pasar siete buques donde antes de la guerra pasaban más de cien. A ese precio, el plan de los 70 queda corto por abajo: el segundo trimestre cerró con la mayor ganancia operativa trimestral de la historia de la compañía y una deuda de 1,1 veces esa ganancia anualizada, la relación más baja en once años. Con eso en la mano fue a pedir prestado. Y acá está el detalle que el titular omite: el dinero nuevo no es para invertir. Es, según el propio prospecto, prioritariamente para refinanciar deuda vieja — en paralelo lanzó una recompra de sus bonos a 2027 y 2029, que amplió de 500 a 1.000 millones porque le trajeron más papeles de los que esperaba. Pensalo como quien tiene una cuota globo de la hipoteca que vence el año que viene y consigue que el banco se la patee a nueve años, a una tasa algo peor: sus bonos a 2031 y 2034 rendían entre 6,5% y 7% en el mercado, y el nuevo salió a 7,85%. No consiguió dinero barato. Compró tiempo: en 2027 vencían 1.900 millones, el año más pesado del calendario.
El tercero es 40. No es un precio de mercado: es un escenario. Lo dijo el secretario del Tesoro americano hace una semana: cuando termine el conflicto con Irán, el mercado va a estar tan sobreofertado que el barril puede ir a 50, y "quizás a 40". Es una opinión con intención, dicha por alguien que necesita que bajen las tasas. Pero marca el borde de abajo y obliga a mirar las exportaciones, donde está la promesa de crecimiento: hoy son el 16% de los ingresos de YPF. El oleoducto al Atlántico que va a cambiar esa proporción está al 80% y embarca su primer crudo a principios de 2027; el primer barco de gas licuado, con suerte, a fines de 2027. Es decir: los grandes saltos de volumen llegan en 2027 y después, mientras que el 104 de hoy tiene adentro una prima de guerra que puede desaparecer antes.
No consiguió dinero barato. Compró tiempo: en 2027 vencían 1.900 millones, el año más pesado del calendario.
Un aviso de honestidad: YPF hoy es, todavía, más una empresa de naftas que de barriles. El 55% de sus ingresos son combustibles vendidos en la Argentina, a un precio que en el segundo trimestre estuvo, en promedio, 9% por debajo de lo que costaría importarlos — unos 370 millones de dólares de ventas en el trimestre que la empresa dejó en el surtidor. Cuando el crudo sube, el pozo gana y el surtidor absorbe. Eso ayuda a explicar por qué la acción subió 54% en el año pero sigue debajo de su máximo de junio mientras el petróleo subió más de 70%. Y el precio sigue importando, aunque menos: según la propia compañía, cada 10 dólares de Brent valen cerca de 800 millones de ganancia operativa al año. El volumen y los costos le bajan la dependencia del barril; no se la sacan. Hay, además, un cuarto número que no es del petróleo: el juicio de Nueva York, cuyo fallo de 16.100 millones fue revocado en marzo, tiene hasta el 30 de septiembre para pedir llegar a la Corte Suprema. Está fuera de la empresa y adentro de la acción.
¿Qué hace un inversor con esto? Primero, separar el bono de la acción. El que compró la obligación negociable le prestó a nueve años a una empresa con la deuda más baja en una década y tres calificadoras que le subieron la nota este año; su riesgo es el país primero, y después la propia YPF y el plazo. El que tiene la acción tiene otra cosa: un plan de construcción a 70 dólares, un viento de cola a 104 que no le llega entero, y una promesa exportadora que se cobra recién en 2027 y 2028. Segundo, no leer el Brent de cada día como si fuera el precio de YPF: de acá a dos años el negocio lo mueve cuánto sale por el oleoducto y el barco, y lo que puede moverlo en contra es el precio administrado del surtidor. Y tercero, si la tenés porque "es la empresa de todos", saber por qué la tenés vos.
Qué vamos a seguir, con vara y fecha: la decisión final de inversión del proyecto grande de gas licuado, prometida para antes de fin de 2026 — sin esa firma, el cuarto pilar es una lámina; y el primer cargamento del oleoducto al Atlántico: si al 31 de marzo de 2027 no salió, el calendario de esta columna falló y lo diremos.
La pregunta para esta semana: si tenés YPF, ¿la tenés por el barril de esta semana o por el barco de 2027?
