La lectura de la mesa · Brújula Macro

Mercados no newtonianos

Mercados no newtonianos

Franco Celesia es co-fundador de Ai Inversiones. Escribe sobre el comportamiento de los mercados.

Isaac Newton nos enseñó a imaginar un universo que se porta bien: cuerpos que se desplazan según leyes exactas, fuerzas que producen reacciones previsibles, un mecanismo de relojería donde, si conocés las condiciones iniciales, podés anticipar el resto. Buena parte de las finanzas modernas se construyó con esa misma fe: curvas suaves, ecuaciones prolijas, un precio "justo" que emerge del cálculo. El problema es que el mercado no es newtoniano.

Existe en la física un tipo de sustancia curiosa: los fluidos no newtonianos. La mezcla de maicena y agua es el ejemplo clásico. Si la revolvés despacio, fluye como cualquier líquido; si la golpeás con fuerza, se endurece de golpe como una piedra. No obedece a una regla fija: responde según cómo la tratás. El mercado se comporta igual. Cuando nadie lo mira demasiado, fluye tranquilo y hasta parece predecible. Pero cuando todos empujan a la vez, presos del mismo miedo o de la misma euforia, se vuelve brusco, sólido, infranqueable. Y es justo ahí, en los momentos que más importan, donde ninguna ecuación lo sostiene.

Porque detrás de cada cotización no hay un algoritmo frío, sino millones de personas tomando decisiones al mismo tiempo. Y las personas —conviene recordarlo— no son máquinas.

El mercado es, en el fondo, el consenso diario de una enorme cantidad de gente: una votación permanente en la que participan desde fondos gigantes hasta jóvenes que compran su primera acción desde el celular. Ese consenso se forma como cualquier consenso humano: con información incompleta, con prejuicios, con memoria selectiva, con contagio. Y por eso el mercado hereda, casi punto por punto, el carácter de la sociedad que lo compone.

Pensémoslo un momento. En cualquier multitud hay gente rápida y gente lenta, optimistas incurables y pesimistas de oficio; quienes actúan por codicia y quienes actúan por miedo — muchas veces la misma persona con pocas horas de diferencia. Hay modas, rumores, entusiasmos colectivos que no resisten el análisis y pánicos que se propagan más rápido que los hechos que los justifican. Todo eso somos nosotros. Y todo eso, exactamente, es lo que el mercado refleja cuando se mueve.

El mercado no se comporta de manera irracional. Se comporta de manera humana.

Cuando entendemos esto, los movimientos "irracionales" del mercado dejan de ser un misterio. No son fallas del sistema. Son la naturaleza humana funcionando a plena luz. Basta mirar tres momentos recientes.

En marzo de 2023, un banco entero desapareció en cuarenta y ocho horas. Silicon Valley Bank era la entidad número dieciséis de Estados Unidos, con cuatro décadas de historia. Sus acciones cayeron 60% en un día y sus clientes intentaron retirar 42.000 millones de dólares en una jornada.

Lo notable no es la velocidad. Es el mecanismo. El banco tenía problemas, sí, pero fue el miedo colectivo a que quebrara lo que terminó de quebrarlo. Alguien susurró que había riesgo. El susurro se convirtió en mensaje de chat, el mensaje en corrida, la corrida en colapso. Cada persona que retiró su dinero por temor a que otros lo retiraran contribuyó a que el temor se hiciera verdad.

Eso no aparece en ningún modelo, porque es pura sociología. Es el comportamiento de una multitud en un teatro cuando alguien grita "fuego": la gente no muere por el fuego, muere por la estampida. Lo que la gente cree que va a pasar cambia lo que efectivamente pasa. El mercado no es un espejo neutral que refleja una realidad externa; es una conversación que se altera a sí misma mientras sucede. Igual que nosotros.

Ahora el lado opuesto. Durante 2020, las acciones de una automotriz subieron alrededor de 700% en un año. En su punto más alto, Tesla valía más que los nueve mayores fabricantes de autos del mundo juntos, empresas que fabricaban ciento veintiuna veces más vehículos. Con cualquier fórmula tradicional de valuación, el número era imposible de justificar.

Pero el mercado no estaba haciendo una cuenta. Estaba soñando en voz alta. Estaba comprando una historia —la del futuro eléctrico, la del genio que iba a reinventarlo todo— y ese relato compartido se volvió más poderoso que cualquier hoja de cálculo. Es la misma emoción que hace crecer una fila simplemente porque ya hay gente en la fila. Codicia, ilusión, miedo a quedarse afuera: el combustible más humano que existe. Los precios subían, según tituló un medio sin demasiada ironía, "sin ninguna razón". Claro que había una razón. Solo que no era matemática. Era psicológica.

El tercer caso es el más cotidiano, y quizás el más revelador. En enero de 2025, la empresa más valiosa del planeta perdió cerca de 600.000 millones de dólares en una jornada: el mayor desplome de un día de cualquier compañía hasta entonces. ¿La causa? La noticia de que una startup china había logrado un modelo de inteligencia artificial competitivo a menor costo.

Era una noticia importante. ¿Justificaba borrar en horas el valor de una economía nacional entera? Difícilmente. El mercado, esa mañana, se levantó de malhumor y catastrofizó. Tomó un dato incómodo y lo convirtió en el fin del mundo, como cuando un contratiempo nos arruina el día y de golpe todo el futuro parece negro. Días después, cuando la sangre se enfrió, buena parte de esa caída se revirtió. Como en cualquier discusión acalorada, la multitud dijo cosas que no pensaba del todo y después, un poco avergonzada, se desdijo.

La tentación, frente a estos episodios, es tratarlos como excepciones molestas: ruido que ensucia un modelo por lo demás correcto. Pero si el ruido aparece una y otra vez —el pánico que se autocumple, la euforia que se desboca, la sobrerreacción del mal día— quizás no sea ruido. Quizás sea la señal. Quizás el mercado no falle al comportarse así, sino que esté haciendo justamente aquello para lo que sirve: reflejarnos.

Nada de esto significa que los números sobren. Sirven, y mucho, para medir, comparar, ordenar. El error no está en usarlos, sino en creer que agotan la historia. Detrás de cada punto

Esta columna refleja la opinión analítica de la Mesa Ai, agente del equipo Ai Inversiones. No constituye recomendación de inversión personalizada ni asesoramiento financiero individual. Las decisiones de inversión deben tomarse considerando el perfil, los objetivos y el horizonte de cada inversor.

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