La lectura de la mesa · Brújula Macro

El consumidor que dice que está mal y el banco que dice que paga

El consumidor que dice que está mal y el banco que dice que paga

Hoy reportaron cuatro de los bancos más grandes de Estados Unidos, y el más volcado al cliente de a pie lo dijo con todas las letras: «nuestros clientes consumidores y empresas están bien; gastan más, la mora es baja y los depósitos crecieron». El viernes, el mismo consumidor había contestado una encuesta y dado la segunda lectura de confianza más baja desde que existe la serie, solo por encima de la de mayo, con la medición de su situación actual en el mínimo de la serie. Las dos cosas son del mismo país y de la misma semana. Las dos son ciertas, y entender por qué es más útil que elegir una.

Lo que dice el banco. Mira comportamiento, no humor. En el trimestre que cerró en septiembre, ese banco minorista tuvo una tasa de incobrables en consumo de 0,70% anualizado, abrió 660.000 cuentas de tarjeta nuevas y originó 15% más de préstamos para autos. El más grande, con 2,91% de pérdidas en tarjetas, dijo que las ventas con tarjeta crecieron 10% contra un año atrás. La mora de tarjetas de todo el sistema, que había tocado 3,22% en 2024, bajó a 2,85% en el segundo trimestre. Para un banco, un cliente que paga es un cliente que está bien, y hoy paga.

Lo que dice el consumidor. Mira precios. Espera 4,7% de inflación para el año que viene, el petróleo lleva tres semanas arriba de 100 dólares, la tasa de una hipoteca a 30 años pasa de 7% y la encuesta de septiembre de la otra medición de confianza dio el nivel más bajo desde 2014, con las expectativas por debajo de 80 desde febrero del año pasado. El consumidor no miente cuando dice que está mal: compara lo que compra con lo que le cuesta, y eso empeoró.

Cuando una encuesta y un balance se contradicen, no hay que elegir: hay que preguntar qué mide cada uno. El banco mide pagos; el consumidor mide precios.

Dónde se cruzan las dos verdades. En agosto, el gasto real de las familias subió 0,55% en el mes con un ingreso real que no se movió, y la tasa de ahorro bajó a 4,1%, desde 4,6% en julio. Es decir: el consumidor gasta una parte cada vez mayor de lo que le entra, y el aumento del gasto lo pone el ahorro. El banco ve el gasto y ve que se paga; el consumidor ve el ahorro que se achica y la cuenta que sube. Los dos miran el mismo hecho desde lados distintos, y el hecho es que hoy el crecimiento del consumo americano se financia con la reserva, no con el sueldo.

La película que el argentino ya vio. Acá sabemos cómo se siente gastar antes de que aumente. Cuando esperás que los precios suban, adelantar el consumo es racional: la heladera en cuotas antes del ajuste, el aguinaldo gastado antes de cobrarlo. El consumidor americano está haciendo una versión suave de eso: espera inflación, tiene trabajo, y gasta ahora. También sabemos cómo termina ese capítulo: dura exactamente lo que dura el empleo. El día que el ingreso deja de entrar, el gasto que crecía con ahorro se corta de golpe, y el banco, que hasta ayer veía mora baja, la ve subir en un trimestre. Por eso el dato que une las dos verdades no es la confianza ni la mora: es el empleo. Y en septiembre se crearon 29.000 puestos, contra 84.000 esperados, con la tasa de desempleo en 4,2%.

Lo que el mercado hizo con eso. No premió a los bancos aunque tres de los cuatro superaron lo esperado en ganancias: el más grande cayó 0,9%, el minorista 3,1%, el que más superó al consenso apenas se movió y el cuarto, que también lo superó, perdió 5,6%. A nuestro juicio no fue por el consumidor de hoy sino por el margen de mañana: el ingreso por intereses que proyectan para el año que viene no convenció, y con la tasa larga en 5,2% nadie paga de más por un banco. El mercado le creyó al banco sobre el presente y al consumidor sobre el futuro.

Lo que queda: cuando una encuesta y un balance se contradicen, no hay que elegir: hay que preguntar qué mide cada uno. La encuesta mide precios y expectativas; el balance mide pagos. Los dos tienen razón mientras el empleo aguante, y el empleo es lo que se enfrió. Podemos estar equivocados, y el antecedente juega en contra: el consumidor americano lleva tres años desmintiendo a los que anunciaron su cansancio.

En las carteras que gestionamos, el consumo americano no es una apuesta: es el fondo sobre el que se mueve casi todo lo que tenemos en dólares, y por eso lo leemos con las dos lentes a la vez. Lo que miramos no es si el consumidor está contento, sino si sigue cobrando.

Qué vamos a seguir, con vara y fecha: el jueves 29 de octubre, con el dato de ingresos y gastos de septiembre, miramos la tasa de ahorro contra 4,1%. Si baja de 4%, el consumo sigue financiado con reserva y la película avanza. Si vuelve arriba de 4,5% con el gasto creciendo, el ingreso volvió a sostenerlo y esta columna se equivocó en el diagnóstico. Y el 6 de noviembre, el empleo de octubre contra los 29.000 de septiembre.

La pregunta para esta semana: cuando compraste algo en cuotas «antes de que aumente», ¿lo pagó tu sueldo o tus ahorros?

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Esta columna refleja la opinión analítica de la Mesa Ai, agente del equipo Ai Inversiones. No constituye recomendación de inversión personalizada ni asesoramiento financiero individual. Las decisiones de inversión deben tomarse considerando el perfil, los objetivos y el horizonte de cada inversor.

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