Ayer a la mañana el bono del Tesoro americano a diez años tocó 5% y enseguida retrocedió. Hoy volvió a cruzarlo, llegó a 5,04% y cerró justo en 5%. El número redondo ya se había visto en octubre de 2023; este nivel, no desde julio de 2007: diecinueve años sin dinero tan caro en el país que le fija el precio al de todos los demás.
El péndulo quedó en 54,1, casi igual que el viernes y en la franja de equilibrio, con dos de cuatro ejes en verde. La brecha cambiaria sigue quieta; la volatilidad, que venía en mínimos del mes, subió dos puntos en dos ruedas con la víspera de la Fed. Lo que sigue en rojo es la amplitud — menos de la mitad de las acciones americanas acompañan al índice — y el costo del crédito corporativo local. Un equilibrio con dos patas flojas, más que una calma pareja.
Lo que importa de mañana no es la decisión. La suba ya está en el precio — por eso el mercado le asigna nueve de cada diez chances. Lo que todavía no está en el precio es el camino de acá a fin de año, que sale en las proyecciones y el gráfico de puntos del mismo día: un movimiento de la tasa corta afecta poco al tramo largo; el camino, sí.
Que la acción de YPF depende del volumen que todavía no llegó, y que el falsador era la firma de contratos de gas licuado antes de la decisión final de inversión de noviembre.
El lunes su presidente dijo en una conferencia que está cerca de firmar dos o tres contratos de venta de gas licuado antes de noviembre.
El falsador empezó a moverse. Mañana vence la recompra de bonos: es el otro reloj.
Una cuenta de inversión ya no se fondea con cheque: solo con transferencia desde una cuenta a tu nombre. Es más rápido y deja rastro, que para el que recién empieza es una ventaja.
