Cada ola tecnológica —la IA hoy, el quantum mañana— exige órdenes de magnitud más de cómputo, y esa demanda no se frena. En vez de adivinar qué empresa de quantum gana, invertimos en quienes venden el cómputo, gane quien gane — con una opción de quantum por arriba.
GPUs y ASICs que entrenan la IA: el corazón de la demanda de cómputo.
Los semiconductores y la cadena que los produce — sin chips no hay IA ni quantum.
La infraestructura que alquila el cómputo a escala: gane quien gane el modelo.
La próxima ola, como opción por arriba — capital institucional ya entrando.
Más cómputo, siempre: cada ola tecnológica pide órdenes de magnitud más capacidad.
No apostamos al ganador del quantum; compramos a quienes venden el cómputo a todos.
SMH (semis) como ancla líquida, más seis nombres con tilt a nube y quantum.
Como módulo del 20%, perfil growth/agresivo: históricamente más retorno que el S&P 500, con más riesgo. No es cartera completa.
La foto mensual de la ponderación modelo. El historial se construye hacia adelante — sin reescribir el pasado.
Ponderación modelo: referencia de construcción, no orden de compra. Composición al día indicado en cada fila.
La línea dorada es esta cartera; la gris, el S&P 500. Las dos arrancan en 100 el día que se publicó la composición. No es una simulación hacia atrás: es la evolución de la composición tal como se publicó.
Ninguno. La composición es la misma desde que se publicó en jul 26. Cuando cambie, el cambio va a quedar listado acá con su fecha.
Cartera modelo hipotética en base 100, calculada sobre precios de cierre del papel que cotiza en el exterior. No incluye costos de transacción, comisiones ni impuestos, y no representa el resultado de ninguna cuenta real. Se rebalancea únicamente cuando cambia la composición publicada, por lo que la serie empalma las composiciones vigentes en cada tramo (los cambios están listados arriba). Cifras no auditadas ni verificadas por un tercero. Ai Inversiones no administra carteras colectivas ni fondos: esta composición es material de referencia y no un producto en el que se pueda invertir. 2,4 meses de historia son un plazo corto: alcanza para mostrar qué pasó, no para concluir nada. Los rendimientos pasados no garantizan resultados futuros.